La unica
Escritos

La única que te conoce

La única que te conoce de norte a sur.

Dime caballero ¿por qué surcas mi piel sin piedad? marcando con sangre azul tus fracasos, miedos, locuras, arrebatos y sin consideración me clavas la daga que rompe mis venas, eres apasionado, sensual, ilógico, bohemio y maldito hombre vestido de ansiedad, cuando en tus noches tormentosas me maltratas tirándome a un costado de tus sábanas.

Inclemente como el viento, arrasas a tu paso todo ser viviente y no te das cuenta de mis lágrimas, sin embargo, yo bebo las tuyas cuando estás ausente, al sentirte en soledad, cuando ella te deja a un lado, cuando ya no quieres pedir más.

Sostengo tus sonrisas y equivocaciones al borde de tus desafíos considerables, aún al sentir calor o frío, mientras recibo tu abuso brutal y son tus manos que mil veces me rompen incontrolablemente. Tus manos, las que amo cuando en vez de rasgarme con la punta del puñal, se convierten en cariñosas, entregándome la mayor ternura existente entre tus dedos, me acunas con silente emoción, me mimas. En alguna ocasión fueron tus labios los que sentí dibujando mi silueta, la yema de tus dedos recorriéndome entera y te he visto cerrar los ojos placenteramente para palparme sin verme, pero de pronto… en continua maldad salida de sitios desconocidos, te enervas con furia insensata e inhumana y apretándome entre tus manos vuelves a tirarme contra la pared, sin inmutarte me dejas caer, no te importa como sangran mis heridas, me das miedo y me das placer.
De pronto te arrepientes recogiendo lo que queda de mí, vuelves a acariciarme con miedo, culpas y mil cosas por decir, pero no dices nada, te quedas callado.

Cuando te enamoraste de ella me lo confiaste alegremente, pero más era tu beatitud al contarme que, te había dicho que te amaba…
Todo lo sé de ti, se hasta lo que no sabe ella, se de ti hasta el más recóndito de tus secretos y jamás dije nada.
Te conozco de principio a fin, me doblegas cuando surcas mi piel endemoniado, celoso, hechizado y maldiciendo la vida, te refugias en mi al sentir la mayor de las alegrías, sin embargo, todo eso no te alcanza para confiar en mí, no te basta el daño causado, por otra más joven me has cambiado, pero me río con ganas porque a ella no puedes ni siquiera tocarla…

Querido caballero de manos ásperas, al encontrarte frente a frente conmigo y descubrir tus propios secretos escondidos, sobre mi piel tus delirios, entonces caminas a la chimenea, te arrodillas ante ella, prendes el fuego, esperas que tome fuerza y con una sonrisa burlona, otras con una lágrima en tus ojos me acercas a las llamas, me quemas y crees que con eso todo lo que se tú matas, pero estas equivocado amigo mío, aún sigo siendo la guardiana de tus enigmas, princesa de tus devaneos, pues cuando comienzas arrepentirte al ver como entre el fuego me retuerzo, me quitas de la hoguera tirándome en un rincón de tu alcoba.

Mientras agonizo en tu invierno, miró tu lecho y me encuentro con tu desnudez atrapada por esa mujer. Todavía me quedan fuerzas para sonreír y entender que ella puede amarte sin razón, pero nunca sabrá los verdaderos misterios de tu corazón.
Luego te levantas sentándote frente a la computadora, intentas prenderla, pero hay un corte de luz, en ese momento sientes impotencia, me buscas entre las penumbras, enciendes una vela y sin darte cuenta vuelves a mí.

Si, a ti te hablo querido escritor… A ti…, que cuando no deseas que algo se sepa o simplemente no queda sobre mi piel lo que deseabas perfecto, entonces sin culpa me quemas, pero nunca olvides que, aunque existamos millones de hojas, cada una de nosotras tiene un toque especial. Hasta cuando me matas carbonizándome en tu chimenea, no te percatas de que te entrego el aroma a las cenizas entreveradas con la sangre azul que hay bajo la tinta de tu inclemente pluma surcando mis venas.

Quiéreme como te quiero yo querido escritor de novelas, señor poeta, caballero de mil diferentes letras y recuerda, para funcionar a la perfección, necesito tus manos y una vela, junto a las caricias que puedas brindarme con la complicidad de tu pluma o una lapicera.

Sentimientos de una hoja que es la fiel gendarme de un escritor con alma y sin fronteras.

 

Firma y derechos de autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *