Escritos

Infidelidad

Transcurría una época ancestral, el césped verde contrastaba con los diferentes colores de flores, rosas, geranios y árboles, conformando así matices únicos en la pequeña comarca.
Ignacio conducía su coche de vuelta a casa, observaba las calles de su barrio, no era para menos, recuerda cuando contrajo matrimonio: entre sus padres y suegros les regalaron el dinero para comprar aquella casa, bueno, por decir algo, porque en realidad era el terreno con una sola habitación y el baño a medias.
No olvidaba las carcajadas de ambos, el sacrificio, las batallas y todo cuanto habían logrado.
En el presente, era una “señora casa” dulce hogar, como solía llamarle.
La vida les premió con dos hijos, una mujer, quien en la actualidad tenía 18 años y se encontraba estudiando en el extranjero, en cambio, el varón de 22, casado desde hacía un año, había tomado la decisión de echar raíces en otro estado.
Ahora volvían a vivir solos, y para él…, para él, su esposa, siempre seguiría siendo su amada novia…
Pero la vida, jodida, puñetera, injusta o tal vez incomprensible, estaba a punto de mover una pieza del ajedrez que conforma nuestra existencia, y de esa forma dejarlo en jaque o enfrentarlo a la peor realidad…

Fanny había terminado de acomodar su ropa en la maleta para dirigirse a la puerta de salida, y detrás de la ventana espiaba el jardín, entretanto ojeaba el reloj de pulsera, regalo de su marido en el ultimo aniversario…. Y al fin lo vio estacionar…
Ignacio bajó de su auto con las llaves en mano, y mientras caminaba por el sendero de piedra rumbo a la entrada principal, Fanny salió de la casa apoyando la maleta en el porche, su esposo sorprendido apuró los pasos y apoyando su mano sobre el brazo femenino se inclinó para besarla, ella no respondió el beso, él se percató de ello.

– ¿Sucede algo mi amor?
– Sí.
– ¿A dónde vas?
– Me voy de la casa, mi abogado se comunicará contigo para la repartición de bienes y concretar el divorcio.

A Ignacio le tambalearon las piernas, segundos de parálisis total, aunque para él fue un siglo, el silencio se hizo presente, la luz se volvió obscuridad y la soledad lo invadió completo, el sonido de las llaves dando vuelta entre sus dedos lo volvieron a la realidad.
Frunciendo el ceño, con sus labios secos, preguntó.

– ¿Qué has dicho?
– Te dejo.
– Pero… pero… ¿por qué?
– Ignacio, todo tiene un fin y el nuestro es este.
– Fanny… ese no es un motivo.
– ¿Quieres un motivo? Claro, el señor quiere una razón, ¿cómo no imaginarlo? para todo la exiges, porqué esto, porqué aquello, porque lo otro…
– Fanny…
– Déjame en paz, ya no te amo.
– De haberlo hecho no estarías yéndote.
– No comiences con la parte sentimental de nuestra pareja.
– Pero mi amor…
– Ignacio dejé de amarte y además… además…
– Además… ¿qué?
– Tengo otro hombre.
– ¿Qué?
– Estoy saliendo con alguien desde hace 5 meses y frente a la decisión que debo tomar, pues decido esto, irme con él…
– ¿Por qué?
– ¡Ya basta Ignacio!
– ¿Basta? ¿después de 23 años de matrimonio me dices basta? ¿Y qué pasa con nuestra vida juntos? yo… yo…
– No hay vuelta atrás.

A un Ignacio consternado por lanzas invisibles, pero punzantes, le costaba respirar. De pronto se imaginó a “su Fanny” en brazos de otro.

– O sea… ¿te acostaste con otro?
– Sí, esa es la verdad.
– ¿Te hace feliz?
– Eres tonto hasta para sacar conclusiones… es evidente que lo soy sino no estaría yéndome con él.

Aquel caballero fue aflojando su quijada y se percató de que era tiempo de enfrentar la realidad, él también la había engañado y se lo diría, pues no permitiría que ella “su esposa” se fuera sin saber toda la verdad.
Tomando fuerzas le dijo.

– Siéntate un momento, por favor.
– No me convencerás.
– No quiero hacerlo, también tengo algo que confesarte.
– Dime.
– Siéntate, es la última vez que hablaremos y no creo que sea mucho pedir.
– Esta bien, pero se rápido, quiero irme.

La vio acomodarse sobre los escalones de ladrillo rojo, y se preguntó ¿cómo podía ser tan fría? luego de haber sido tan tibia, pero tomando fuerzas, aspiró profundo; suavemente espetó.

– Yo también he sido infiel.

Fanny frunció las cejas, siendo esta vez, ella la sorprendida.

– ¿Tú, tú me has sido infiel?
– Sí, yo… ¿por qué te sorprende?
– Porque tú siempre has sido…, tú…

La interrumpió…

– Ser bueno como he sido, no significa que sea tonto.
– ¿Con quien? ¿una más joven?

Sacando toda la fuerza de su interior, habló.

– Te fui infiel con una mujer y un hombre.

Fanny se levantó, él también. Por momentos ella le dio la espalda, pero luego se giró y con toda la fuerza cruzó su cara de una bofetada, espetando con rabia.

– ¿Cómo pudiste? eres un perfecto hijo de puta.
– Siéntate.
– No lo haré.

Fanny se sorprendió ante la actitud brusca de su marido, primera vez en 23 años que la tomaba por ambos brazos obligándola a sentarse, luego la soltó y gritó.

– Te guste o no… ¡Vas a escucharme! Por vez primera en tu vida vas a hacerlo.
– Ignacio…
– Solo escúchame…

Asintió con un gesto en la mirada; él volvió a su lugar comenzando a decir.

– Te fui infiel con una mujer primero, una exuberante dama de ojos color indefinido, cada noche desde hace 7 u 8 años me he acostado con ella…
– ¿8 años?
– Sí…
– Eres, eres…
– Escúchame…
– Pero…

Ante la fuerte mirada masculina decidió quedarse en silencio, él continuó.

– Una noche fue ella la que me buscó, una noche que tú te habías ido a una reunión de trabajo, no me gustó para nada, pero continuó buscándome, acechándome día a día, noche a noche, segundo a segundo, se burlaba de mí, me chantajeaba, me decía que tu no me amabas, te juro que no quise creerle, pero para que dejara de agobiarme me acosté con ella una y otra vez, luego me poseyó hasta por los pasillos de la oficina, transpiraba cuando lo hacía, me resistía pero seguía amenazándome, lloré mil veces cuando estaba con ella, pero se que es la mujer perfecta… ¿Contradictorio verdad?
– ¿Cómo puedes ser tan cínico de contarme algo tan íntimo?

Haciendo caso omiso a las palabras de su mujer, continuó mientras secaba sus lágrimas.

– Ella es la mujer perfecta, la única que me ha amado durante años, la única que nunca me abandonó, ella es con quien me iré a vivir de hoy en adelante y podré hacerlo de frente al mundo, sin ocultarlo…
– Ignacio, no entiendo como caíste tan bajo, llevó 5 meses acostándome con otro y ya no aguantaba más y tú…, tú llevas más de 7 años con una amante, no, no, perdón con dos… ¡Dios! Me está asqueando todo esto… y…

Volvió a interrumpirla, siguiendo su relato de vida.

– Con él fue después, hará unos 5 años, aunque con ese caballero la relación fue sadomasoquista.
– ¿Qué?
– Sí, se convirtió en morbosa y dañina, ahora entiendo que fue lo peor, pero lo viví…

Ella le cortó.

– ¿Qué tiempo tenías para ser infiel? si siempre estabas en casa.
– Déjame terminar.
– Sí…
– Cuando tú llegabas de trabajar cansada y me echabas la culpa de tu mal humor, lo llamaba a él, cuando solías decirme que no fuera tan ridículo en mis expresiones amorosas, que ya estabas cansada de mi sensibilidad luego de tantos años, me desahogaba llamándolo a él, hasta que se enamoró de mi y no me dejó en paz, comenzamos una guerra de amor y odio, pero cuando intentaba hablar contigo de nuestro amor y tu seguías diciéndome, que yo debía comprender, que los años habían pasado y que las parejas cambian con el tiempo, secaba mis lágrimas y lo llamaba a él, en los momentos que quería hacer el amor contigo y siempre tenías una escusa para negarte, me iba con él, cuando las rosas que te compraba las dejabas sobre el buró sin darles mayor importancia, tan solo cerraba los ojos, salía con la escusa de dar una vuelta, pero en realidad me iba a ver con él, cuando me sentía orgulloso por verte alcanzar tus metas en tu carrera y recordaba los momentos en los cuales colaboré contigo, cuidando de los niños o saliendo antes de mi trabajo para que pudieras estudiar, y luego decirme que, todo lo alcanzaste tu sola porque yo jamás te había ayudado a nada, me sentía tan mal que corría a buscarlo, estuve viéndome con ese hombre durante los últimos 5 años de nuestra vida juntos y aunque no me creas lo hice por ti…
– No mientas, ahora me vendrás con las escusas de todos los infieles, la culpa fue tuya o como lo dijiste antes, ella me buscó, pero… ¿con un hombre? y encima una relación sadomasoquista, es que no me lo creo… Tú, tan serio y formal, tan amante de la verdad y las cosas perfectas… No se, eres un asco de persona y…

Ante el silencio de los dos… Ella tomó nuevamente la palabra.

– ¿Quiénes son? ¿al menos los conozco?
– No, estoy seguro de que no los conoces, porque si hubieras, tan solo, tenido a uno de ellos frente a frente, quizá hoy no estarías aquí.
– ¿Por qué? ¿acaso me hubieran matado?
– No…

Luego de un silencio sepulcral.

– Fanny, puedes quedarte con lo que hasta hoy fue nuestra casa y si quieres vive con él aquí, yo me iré con mi amante.
– ¿Cuál de los dos?
– Con él terminaré hoy y juro no regresar nunca, pero me iré a vivir con ella, no necesito más que su compañía el resto de mi existencia, ella es la mujer perfecta para mí y no quiero nada de la casa, los documentos los volveré a sacar, me iré ya mismo.
– Que hipócrita has sido, pero al menos dime sus nombres.
– ¿En verdad quieres saberlo?
– Sí… Al menos merezco estar al tanto de con quienes me has metido los cuernos, el señor perfecto. Es tanta la repulsión que me das… todo el mundo…, todo el mundo Ignacio, se enterará de que tipo de podredumbre has llevado por dentro, pero siendo tan santo ante todos… ¡Sí! dime sus nombres…

Aquel hombre se incorporó, desarrugó sus pantalones, y apretando las llaves un poco más fuertes, emprendió el camino, pero ella también se puso en pie exigiendo.

– Eres tan cobarde que no me dirás quienes son.

Girando sobre sus pies, la miró con una sonrisa cortada, y susurró.

– A ella le han puesto por nombre soledad y él… Él se llama silencio…

La mujer lo miró desconcertada mientras él volvió hablar.

– Ahora puedes ir corriendo a decirle al mundo que te fui infiel y como a ti tanto te gusta, quedarás ante todos muy bien. No te mentí, la soledad me asaltó la noche que comenzaste a tener otras prioridades, cuando era más importante atender el pedido de tus compañeros de trabajo… En el momento que tu marido, o sea yo, empezó a cansarte, y es verdad, me refugié entre sus brazos y el silencio apareció dos años más tarde, cuando me harté de intentar salvar lo nuestro, cuando infinitas veces te pedí que nos fuéramos solos a algún sitio, pero eso según tú, era cosa de adolescentes, las veces que intenté recuperar nuestra relación apelando a los momentos que habíamos vivido juntos, pero eso para ti, era cursi y ridículo, porque según tu forma de sentir, las parejas siempre cambian y terminan aburriéndose uno del otro, según yo, siempre se puede vivir mejor que el primer día porque el tiempo enriquece no cansa, pero para eso… Para eso debe haber amor y lamentablemente solo me quisiste…
– Ignacio…
– No digas nada… Te sigo amando y no como el primer día, sino con más intensidad, con la riqueza del tiempo, con la fortuna de conocernos, tú me has sido infiel con tu cuerpo, yo lo he sido con mis ridículos sentimientos, pero tienes razón, este es el fin para los dos, solo te daré una opinión… Vive a plenitud y no descuides lo que tengas a tu lado, porque no todo el mundo calla por amor, y yo no callé por nuestros hijos, callé porque creía en nosotros… Buena suerte y adiós…

Aquella dama quedó con lágrimas en los ojos, no sabemos que sintió, pero él se fue seguro que en adelante no volvería a guardar silencio.

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