Una Luna llena hermosa y altanera
hado por doquier, indicio de pasión.
Un hechizo en tus labios y mi boca
y nuestro conjuro para el amor.
Cuerpos semidesnudos reconociéndose
la danza alrededor de un fuego errante
pies descalzos, manos tibias, entregadas.
Eres mi mujer, soy tu dueño, tu amante.
Mi sangre se desboca por poseerte.
Las venas explotan por tu amor.
mí locura se detiene por instantes.
Quiero derramarme en tu interior.
Te acercas despacio, no me dejas tocarte
mueves tu cintura, no me permites amarte.
Tú Mirada predomina, tus pechos se erectan
en mis dedos siento la picardía de tu lengua.
Eres la Diosa, eres lujuria, eres ardor…
Soy tu hombre, soy yo, soy tu rebelión.
Me amas, me odias, me sientes y deseas
te toco, tiemblas, me miras y te arqueas…
Sabes que serás solamente mía.
Reconocemos que somos traición.
Nuestros ojos se juntan, hay dolor
mañana te pierdo, tu Rey nos atrapó.
No me importa, es tiempo para el amor.
En un par de horas serás mía, seré tuyo
le ganaremos al tiempo y con él, al temor.
Te entregas, déjame amarte con devoción.
Quiero poseerte, anhelo perderme en tu piel.
Yo estaré en tu Alma, tu marca en mi espalda.
Me estás dando tu momento, me das el placer
me empapas el cuerpo… Te olvidas de él…
Y aquí termina esta historia ancestral.
Él vengó la traición de nosotros dos…
pero no sabe que viviremos de nuevo
porque le hicimos un altar al amor.
Diosa de mis milenios, Diosa de mi pasado
renace en mis brazos, ven a mi encuentro.
Dame tu mano, son tuyos mis deseos
es tuya mi alma, son míos tus sentimientos.
Egipto fue testigo fiel de aquella historia, la cual atravesó limites de tiempo y espacio.


